CHILE – "La violencia contra la mujer no es normal". Entrevista con Soledad Larraín, Soledad Acevedo y Carola Peyrín

Por Pilar Pezoa Navarro. Observatorio de Género y Equidad

_ A mí nunca me han pegado.
_ ¿Pero te han gritado alguna vez, te han zamarreado?
_ Ah, pero eso es normal… Eso NO es normal.

Pareciera ser fundamental escribir ese NO con mayúsculas para que todos y todas comprendamos que la violencia de género es una realidad en nuestro país, y que son muchas las mujeres que la sufren a diario, pero que la viven como algo natural.

Cuando tu pareja te grita, aunque no existan insultos, es violencia verbal. La agresividad verbal puede ser muy sutil, o puede ser el típico repertorio de insultos. Se puede hablar de agresividad cuando la forma de hablar -casi siempre- es para desvalorizar al otro/a, no por un insulto aislado. Y de los insultos a la agresión hay un paso. Y de la agresión a la muerte, hay otro paso más. Los 36 casos de mujeres asesinadas a manos de sus parejas en lo que va corrido de este año, dan cuenta de lo fácil que es dar esos pasos.

Entre enero y julio de este año hubo 43.726 denuncias en Carabineros por violencia intrafamiliar hacia mujeres y 12.323 detenciones por la misma causa. Las cifras muestran que en Chile casi el 36% de las mujeres que ha tenido una relación de convivencia ha sufrido violencia; 9,2% de las mujeres ha vivido violencia sexual después de los 15 años, fuera de la relación de pareja (Ministerio del Interior, 2008). En 2008, una Encuesta de Humanas reveló que para el 43% de las encuestadas, la violencia ejercida hacia mujeres por sus parejas es el principal problema de las mujeres en el país.

Mientras tanto, escuchamos por televisión la campaña del SERNAM “Maricón es el que maltrata a una mujer” (podemos leer varias columnas al respecto en nuestro sitio), finalmente se aprobó la Ley que tipifica el Femicidio y las organizaciones de mujeres han organizado un sinnúmero de marchas y manifestaciones en el marco del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Este reportaje se suma a esas acciones.

Son varias las parlamentarias autoras de la ley y, pese a los reparos que se puedan manifestar, con esta norma legal se reconoce que estamos ante una relación de poder que es desigual. Eso es lo que agrava el delito. Y cuando entre en vigencia, el asesinato de una mujer a manos de la pareja actual o anterior será castigado con penas que van de 15 años a presidio perpetuo calificado será castigado con penas que van de 15 años a presidio perpetuo calificado, igualándolo al parricidio en lo que respecta a pena.

Es importante recordar que desde el año 1994 existe una ley que sanciona la violencia, cuerpo legal que fue modificado en el año 2005 dando vida a la nueva Ley de Violencia Intrafamiliar Nº 20.066. Su avance más significativo fue tipificar la "violencia habitual", como delito penal, sin embargo continúa llamándose “Ley sobre Violencia Intrafamiliar”. Leer más

Para ahondar en esta temática, conversamos con:
• Carola Peyrín, directora ejecutiva de Corporación DOMOS, Leer más
• Soledad Larraín, psicóloga consultora UNICEF y experta en temas de género, Leer más
• Soledad Acevedo, de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual, Leer más

También Chile incorporó las normas internacionales como Ley de la República. Destaca la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (OEA, Belém do Pará, Brasil, 1994) que obliga al Estado de Chile desde el 11 de noviembre de 1998.

Así y todo, la opinión pública sigue hablando de violencia intrafamiliar, y ahora último, de femicidio, que se produce en una relación de pareja. La violencia asociada al género no existe en la nomenclatura mediática, pese a que visibiliza que lo que está en juego es la desventaja en una relación de poder y permite dar cuenta mejor de esta realidad.

La campaña del SERNAM tiene una visión particular y prioridades que no están claras. En enero del 2011 iniciará un proyecto piloto con hombres agresores, al parecer, restando recursos de la atención a las mujeres víctimas de agresión.

Se desconoce si se ampliará la prevención de la violencia, si se mejorará el trabajo transversal de atención, muy especialmente con Carabineros, los Ministerios de Justicia y Salud y los municipios, tampoco si aumentarán los cursos de capacitación a funcionarios/as del Estado que tienen contacto con las víctimas de la violencia de género. No se ha informado sobre los recursos destinados a la atención a víctimas y la protección de éstas, así como de estudios e investigaciones que permitan mejorar las políticas que contribuyan a erradicar la violencia contra las mujeres en la sociedad.

Carola Peyrín, directora ejecutiva de Corporación DOMOS: “La violencia hacia la mujer se da en lo público y lo privado, de manera interconectada, tanto en el espacio del trabajo, como en los distintos espacios públicos de la ciudad; a nivel simbólico y en los medios de comunicación”.

¿Hemos avanzado en la visibilización de la violencia contra la mujer en la opinión pública durante estos últimos 20 años?

Efectivamente hay avances. La respuesta pública lleva dos décadas y desde entonces ha sido progresiva la visibilización de un ámbito de la violencia contra las mujeres, que es la que se da, principalmente, en la pareja y la familia. Eso, traducido a la política pública chilena, es lo que se llama violencia intrafamiliar. Esto obviamente ha restringido la comprensión del fenómeno. La violencia hacia la mujer se da en lo público y lo privado, de manera interconectada, tanto en el espacio del trabajo, como en los distintos espacios públicos de la ciudad; a nivel simbólico y en los medios de comunicación. La respuesta estatal consolida en estas dos décadas la prioridad por ese ámbito de la expresión de la violencia, tanto en la legislación, la administración de justicia, las políticas sectoriales, los sistemas estadísticos de registros y los propios estudios para medir la prevalencia del problema.

La conceptualización y la inclusión del femicidio en los medios de comunicación fue un hito de la visibilización de este fenómeno. Sin embargo, en este último tiempo, el tema había desaparecido de los medios de comunicación, pese a que antes habían hecho una contribución bastante importante al ir contabilizando, por lo menos oficialmente, las muertes de mujeres por esta causa. Creo que esto coincide con un cambio de política editorial que tiene que ver con la nueva administración gubernamental.

¿Cómo ves el panorama de las políticas públicas en torno de la violencia de género?. ¿Hay avances, hay retrocesos?

Es evidente que se ha acrecentado el tramado institucional de atención a la violencia intrafamiliar. En la actualidad existe la red de 92 Centros de la Mujer que tiene SERNAM y las 27 Casas de Acogida. Hoy día se incluyen programas y líneas de acción en los ministerios que forman parte de la red de protección social: el Ministerio del Interior, las policías, el poder judicial y el Ministerio Público.

Sin embargo, lo que tenemos es un conjunto de políticas sectoriales y no tenemos una política articulada de Estado. La evidencia internacional nos dice que aquellas sociedades que sí han avanzado son aquellas que tienen un abordaje integral de la problemática, donde existe un dispositivo de articulación de los distintos estamentos que tienen que ver con la respuesta pública y de éstos con sectores de la sociedad civil, cuestión que debiera provenir desde el organismo rector que, por ley está mandatado a articular estas iniciativas, que es el Servicio Nacional de la Mujer

Ese es el gran déficit: enfocar este tema como un objetivo estratégico de avance y que lo refrendan los informes internacionales a los que Chile tiene que rendir cuentas, como son los de la Convención Belén de Pará y la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que son leyes de la República.

¿Qué pasa con el Plan de Igualdad y la mirada que el actual SERNAM tiene respecto de la violencia de género?

Creo que el concepto de género es algo que se ha intentado soslayar en el lenguaje de la actual administración del SERNAM. Como sabemos, el lenguaje estructura y crea realidades y permite permear y generar conciencia. Eso ha sido un tremendo logro de la sociedad civil y también de las anteriores administraciones del SERNAM, pero hoy es una debilidad.

De hecho, el Plan de Igualdad de Oportunidades 2010- 2020, que quedó publicado por la anterior administración de SERNAM, establecía el objetivo de avanzar desde una política de violencia intrafamiliar hacia una política de violencia de género. Hoy vemos que esa comprensión del fenómeno está absolutamente ambivalente y hay momentos en que ese concepto se incluye, pero en los lineamientos operativos y prácticos no se incluye.

Sentimos que hay un riesgo como país de no avanzar. Es crítico, porque uno de los grandes déficits que constatamos en la respuesta pública de los distintos sectores, es la falta de una comprensión base común sobre la problemática.

Por ejemplo, en el ámbito de justicia muchas veces las causas de violencia intrafamiliar no son ni tipificadas como tal, ni siquiera como delitos que se cometen en este ámbito, ni siquiera son tipificados en el contexto de violencia intrafamiliar. Entonces hay todo un ámbito que tiene que ver con no tener una noción compartida que permite la dispersión de las acciones y, por supuesto, eso contiene el riesgo de ser poco oportunos en la respuesta en la atención, la protección y la sanción.

¿Cómo debiera ser el trabajo institucional y terapéutico con los hombres agresores?

Conocemos indirectamente el planteamiento de SERNAM y a la ministra la escuchamos en los medios masivos señalando que se trata de reeducar. No se trata del concepto de rehabilitar que reforzaría que los hombres que ejercen violencia sobre su pareja son, en gran mayoría, enfermos o que tienen algún problema psicológico, cosa que no es así. Este método estaría basado en un enfoque que fue implantado en Estados Unidos, en muchos países nórdicos y europeos cuya base es la coordinación entre los distintos estamentos, no sólo con lo público sino con la sociedad civil, cosa que no sucede en Chile.

No deja de sorprendernos que se apele a ese enfoque de atención a hombres que ejercen violencia cuando no hay respuesta pública coordinada. Una cosa es el discurso y la otra, la operatoria; y en eso como país tenemos vasta experiencia respecto de los planteamientos que han quedado en el papel y que terminan siendo otro modelo de implementación con efectos muchas veces indeseados y nocivos para el abordaje del problema.

Hay muchas otras interrogantes. Por ejemplo, ¿con qué antecedentes se define que una gran cantidad de hombres buscarán como meta concurrir voluntariamente para atenderse?. La experiencia indica lo contrario. Si queremos apuntar a aquellos hombres que están ejerciendo la violencia, pero que no están imputados y no han sido denunciados en el sistema de justicia, a lo mejor tendríamos que enfocar una política más sustantiva de prevención.

Y es ahí es donde decimos: por qué no incorporamos un trabajo sustantivo en el ámbito laboral donde hay una gran mayoría de los hombres que hoy ejercen estas prácticas; por qué no involucramos a las empresas, más aún cuando este gobierno cuenta con vínculos con el sector empresarial. Por qué no instalamos este tema desde el enfoque de la prevención, de la atención y de la pesquisa en los espacios laborales.

Mucho se ha reflexionado respecto de la violencia contra la mujer como un serio y grave problema social. Pero no se puede desconocer que la violencia hacia las mujeres es un problema económico para Chile, ¿Qué conciencia social hay al respecto y cuál es su impacto?

Es un tema bastante invisible todavía. En buena hora la administración anterior del SERNAM dejó encargado un estudio nacional sobre los costos económicos de la violencia intrafamiliar en el país, que permitirá visualizar en cifras cuánto está gastando el Estado de Chile hoy en esta problemática. Ese estudio fue realizado por nuestra Corporación.

Los antecedentes de esta problemática eran muy parciales. Un estudio del Ministerio del Interior del 2005, mostraba que el país estaba perdiendo 266 millones de dólares anuales en materia de violencia intrafamiliar. El estudio que hizo el Banco Interamericano de Desarrollo mostró cómo las mujeres que viven violencia ganaban menos, en términos de remuneración, que sus pares que no vivían esa realidad.

Si no tienes certeza respecto de cuánto está costando la intervención con una mujer, cuál es la ruta que esa mujer sigue, cuánto gasta el Ministerio de Salud, el de Justicia, el SERNAM, el Centro de Atención a Víctimas del Ministerio del Interior, no podemos decir cuál es la estrategia más eficiente.

Lo que sí te puedo decir es que donde más se requiere invertir es en la prevención. Lamentablemente Chile está gastando la menor cantidad de recursos públicos en prevención; y más grave aún, ni el Ministerio de Educación, ni la Junta Nacional de Jardines Infantiles, ni el propio Instituto Nacional de la Juventud tienen incorporado ni los conceptos, ni una línea de acción específica en esta materia.

Si no instalamos la prevención desde los niños y las niñas que están en la escuela, desde los adolescentes, tenemos menores posibilidades de disminuir la tasa de incidencia que tenemos hoy día tras estas dos décadas de intervención.

¿Qué piensas de la actual campaña del SERNAM “Maricón es el que maltrata a una mujer”?

Primero, decir que las campañas de alto impacto público son dispositivos importantes en materia de prevención. Sin embargo, malamente avanzaremos si tenemos campañas sólo para el hito del 25 de noviembre, día internacional por la no violencia hacia las mujeres.

Es interesante instalar el tema de la violencia con un mensaje hacia los hombres, pero debemos tener mucho cuidado en cuál es ese mensaje. Un mensaje que permita generar conciencia sobre una forma de violencia de tan alto impacto, como la violencia hacia las mujeres, apelando a un concepto que ha servido para ejercer otro tipo de violencia, como hacia aquellas personas que tienen otra orientación sexual que no es la heterosexual, me parece poco afortunado.

No hay una mirada dispuesta a capitalizar el aporte que la sociedad civil ha hecho en materia de diseño de campañas. Durante estos cuatro años Domos hizo una campaña enfocada hacia los hombres cuyo slogan fue “frente a la violencia no seamos cómplices” o “detener la violencia está en nuestras manos”. Creemos que se debe fortalecer ese llamado.

Soledad Larraín, consultora UNICEF y experta en temas de género y violencia: “Lo importante es que el trabajo terapéutico con hombres debe tener siempre como prioridad asegurar la integridad psicológica y física de las mujeres (…) y no se deben restar los escasos recursos existentes para programas de orientación y atención a mujeres, para traspasarlos a la atención de los hombres”

Desde el año 1994 existe un cuerpo legal que sanciona la violencia. La nueva Ley de Violencia Intrafamiliar Nº 20.066, de 2005, constituye un avance al tipificar la "violencia habitual", como delito penal, sin embargo continúa llamándose “Ley sobre Violencia Intrafamiliar”. ¿Cuáles son los beneficios de contar con una ley como ésta y cuáles son sus limitaciones?

La dictación de la ley el año 1994 permitió tipificar la conducta de violencia hacia las mujeres en el hogar, visibilizando así un grave problema social que estaba naturalizado. Sin embargo la ley nació sin recursos propios. Eso significó la existencia de limitaciones graves en su implementación. No hay recursos para la implementación de las acciones que la propia ley señala que hay que realizar. Por mencionar algunos: no hay una adecuada capacitación a los ejecutores de las políticas, no hay suficiente asesoría legal a las víctimas, los lugares de orientación psicosocial están desbordados y existen muy pocos lugares de reparación.

Aunque la ley N° 20.066 del año 2005 mejoró algunos aspectos, ésta se dictó sin haber realizado una adecuada evaluación de la ley del año 1994; y por lo tanto, sin plantearse la necesidad de los recursos para su adecuada implementación.

La ley continúa llamándose de "violencia intrafamiliar", en donde el concepto de violencia de género no tiene cabida. La ley sanciona indistintamente la violencia en la pareja, independientemente de quien sea el agresor. Eso implica que la relación de poder que es la esencia de la violencia de género está ausente de la legislación.

Asimismo, Chile ha ratificado normas internacionales entre las que destaca la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (OEA, Belém do Pará, Brasil, 1994), que es Ley de la República desde 11 de noviembre de 1998, ¿Cómo refleja nuestra legislación esta norma internacional que obliga al Estado? ¿Cuáles son los déficits?

Los déficits apuntan al concepto que se utiliza de "violencia intrafamiliar", sin considerar el concepto de violencia de género que está en el primer artículo de la Convención de Belém do Pará.

Al prescindir del concepto de violencia de género, la ley se restringe a la violencia en el espacio familiar, dejando de lado otras formas de violencia de género en el espacio social o laboral.

Ya está instalado en los medios de comunicación el concepto de femicidio y contaremos con una ley al respecto que agrava las penas y tipifica el delito. ¿Qué opinas sobre esta iniciativa?

Es un avance. Es importante además entregarle un reconocimiento a las organizaciones de la sociedad civil que levantaron el tema. Ellas lo pusieron en los medios, hicieron sistemáticamente campañas y poco a poco fue un concepto que logró ser asumido por la sociedad en su conjunto.

La ley hay que mejorarla, pero de igual forma, al visibilizar el femicidio, al permitir cuantificarlo, debiera servir para seguir manifestando la necesidad de una adecuada política de prevención y de protección a las víctimas.

¿Cómo debiera ser el trabajo institucional y terapéutico con los hombres agresores?

El trabajo debiera ser implementado desde distintas instituciones. Un rol importante lo debe tener Gendarmería cuando los hombres están privados de libertad, así como considerar otras instituciones como el Ministerio de Salud.

Lo importante es que el trabajo terapéutico con hombres debe tener siempre como prioridad asegurar la integridad psicológica y física de las mujeres. Esto implica que no puede realizarse en los mismos espacios físicos o instituciones en donde van las mujeres víctimas, como tampoco pueden ser los mismo terapeutas; y no se deben restar los escasos recursos existentes para programas de orientación y atención a mujeres, para traspasarlos a la atención de los hombres.

¿Qué piensas de la actual campaña del SERNAM “Maricón es el que maltrata a una mujer”?

Me parece importante responsabilizar al hombre por su conducta de violencia. Sin embargo creo que es una campaña discriminatoria y homofóbica, que tiende a reforzar los estereotipos de género y el concepto de machismo.

Soledad Acevedo, de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual: “Es una campaña homofóbica (la del SERNAM). Refuerza la masculinidad hegemónica en el sentido que es el “bien hombre”, la hombría, el ser bien macho, cuando sabemos que en realidad la violencia en contra de las mujeres es un problema cotidiano que ocurre a todas las mujeres y que la ejerce todo tipo de hombre”

¿Con qué dificultades se ha encontrado el movimiento de mujeres en su tarea de visibilización ante la opinión pública de la violencia de género en Chile?

Este año ha sido todo más dificultoso y más lento que años anteriores. Siempre es complejo instalar el tema de la violencia en contra de las mujeres porque el Estado habla de VIF, violencia intrafamiliar, donde obviamente se invisibiliza la violencia que vivimos todas las mujeres.

A eso se suma que muchas mujeres y organizaciones están viviendo otra problemática: el terremoto y sus consecuencias, las movilizaciones por el conflicto Mapuche, los conflictos ambientales, y además, por este gobierno de derecha que ha coartado el movimiento social donde el movimiento de mujeres y el feminista no han estado ajenos. Se instaló esta sensación de temor, de salir, de visibilizar, de hacer activismo.

La campaña “El Machismo Mata” ha sido un logro importante de la organización y de las instituciones que participan con nosotras. Este año, su cuarta versión está enfocada hacia las mujeres, y la campaña culmina el 25 noviembre con el día de la eliminación de la violencia en contra de las mujeres. Eso no quita que durante todo el año, se trabaje para reforzar y visibilizar que las mujeres vivimos cotidianamente violencia, que es violencia específica en contra de nosotras. Nuestro trabajo desde la Red Chilena es precisamente el visibilizar, hacer campaña y poner en lo social este tipo específico de violencia en contra de las mujeres.

¿Cuál es el rol del la Red con las mujeres víctimas de violencia y sus redes de apoyo?

No trabajamos directamente en la atención de mujeres que viven violencia, pero hacemos un trabajo de articulación entre las distintas organizaciones que trabajan la problemática. Tenemos el nexo con algunas casas de distintas localidades o comunas de la Región Metropolitana que atienden a mujeres; quizá no en forma sistemática, pero sí en trabajo ambulatorio a través de talleres, con distintas formas de apoyo.

Pero debo destacar que la fortaleza de la Red es el trabajo de campañas públicas. El énfasis está en instalar que éste es un problema cultural, y lo que buscamos es romper este poder desigual que hay entre mujeres y hombres y sacar esta problemática del espacio íntimo y privado.

Ya está instalado en los medios de comunicación el concepto de femicidio y contaremos con una ley al respecto que agrava las penas y tipifica el delito. ¿Qué opinas sobre esta iniciativa?

Es un logro que se haya tipificado el femicidio. Eso es lo medular y se consiguió a través de la movilización del movimiento de mujeres y del movimiento feminista. Existe el femicidio en Chile: se asesinan a mujeres por el sólo hecho de ser mujeres.

Sin embargo, la ley tiene sus vacíos. Se excluyen los asesinatos de pololos y este año ya llevamos 5 casos. No están contemplados los asesinatos de mujeres que viven violencia sexual y luego son asesinadas por personas que no conocen, de amantes, de clientes en el caso de trabajadoras sexuales. Entonces, hay un gran porcentaje de asesinatos, de femicidios que no están contemplados en la ley, porque esta ley se desprende de la ley VIF.

Por otro lado, se destaca como relevante las penas para los femicidas, pero gran parte de ellos se suicida después del asesinato; entonces tampoco es relevante. No olvidemos que para nosotras lo más importante es la prevención. Ahí radica la fuerza para cambiar las cosas.

¿Cómo proyecta la red su trabajo en esta nueva etapa con un gobierno de derecha?

Lo que hemos visto del actual contexto político, y en particular del SERNAM, es la exacerbación de la familia, el reforzamiento de los roles tradicionales: para las mujeres la maternidad y el trabajo siempre y cuando sea flexible para no descuidar las labores en el hogar, donde las mujeres aparecen como sostenedoras de la familia. Creemos que eso constituye violencia institucional. Por otro lado, la campaña del SERNAM “maricón es el que le pega a su mujer”, exacerba esta masculinidad hegemónica.

Justamente, quería saber tu opinión sobre de esta campaña del SERNAM

Es una campaña homofóbica. Refuerza la masculinidad hegemónica en el sentido qué es ser “bien hombre”, la hombría, el ser bien macho, cuando sabemos que en realidad la violencia en contra de las mujeres es un problema cotidiano que ocurre a todas las mujeres y que la ejerce todo tipo de hombre. Creo que es una campaña violenta, o sea, tú agredes diciendo maricón, porque en definitiva estás agrediendo a otra persona, entonces en ese sentido es muy reactiva.

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